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Viajes en Velero plaza a plaza en Grecia: La Batalla de Preveza



La Batalla de Preveza

“Año de mil y quinientos y treinta y ocho por no haberse guardado venecianos y turcos las paces y treguas que entre ellos estaban hechas, se hacían algunos daños los unos a los otros por mar. La armada turquesca vino a la Belona y anduvo haciendo mal en la Pulla (Puglia) y por todo el archipiélago. Fue Andrea Doria con todas las galeras del Emperador a Levante a ver si por alguna ocasión pudiese empecer al Barbarroja; dio una vuelta por el archipiélago y se tornó sin hacer fruto alguno. Los turcos rompieron del todo la tregua con venecianos por una o dos galeras que les tomaron dos galeras de Venecia, porque no les hicieron salva como es usanza de mareantes, que los menores navíos saluden primero a los mayores. Por esto la señoría de Venecia se ligó con Su Majestad y con el papa Paulo contra el Turco. El Papa envió a Marco Grimano, patriarca de Alejandría, por legado de la liga y armada con sus galeas, e hicieron de ellas capitán a Domingo (Vicente) Capello, hombre nobilísimo, grave y de tanta gravedad como presencia. El Emperador señaló a Andra Doria y a don Fernando de Gonzaga, virrey de Sicilia, y les mandó que fuesen a juntarse con venecianos con todas sus naves y que habían de llevar los soldados viejos que estaban en Nápoles y Sicilia.

Como el Legado del Pontífice y la flota del Emperador se juntaron con la de venecianos, fueron a buscar a Barbarroja con más de sesenta naos y galeones llenos de soldados españoles, y con más de ciento y cincuenta galeras, de lo cual todo eran generales el Príncipe y el Virrey, como estaba concertado entre todos. Halláronle en la Prevesa (también Privesa o Previsa) con muy pocas menos galeras y fustas. Barbarroja, como vio tan grande armada, estúvose quedo; puso todos sus naviós las proas a los enemigos, tan junto de tierra las popas, que ni encallasen ni diesen lugar a que los de los contrarios tomasen las espaldas. Andra Doria mandó partir su ejército en tres partes: una fue los galeones y naves que les mandó pasar delante y meterse tanto a tierra que ganasen las espaldas a los enemigos; a Domingo Capello dejó en retaguardia con las galeras venecianas para que acometiese el primero, y él tomó la delantera y caminó hacia Barbarroja con los galeones. Calmó el tiempo y viento y no pudieron hacer su oficio: el Príncipe echó a la mano izquierda y se alejó más de lo que convenía, o por ver que el tiempo faltó a los galeones en quien tenía gran esperanza para la victoria, o por otras causas y otras razones que a ello le movieron. El capitán de vencianos también, como vio parados a los unos y aguijar a los otros, tomó la vuelta del general y fuese tras él a Corfú, adonde enderezó la proa de su capitana. Andrea Doria, y todos en pos de él, se acogieron a la isla de la Juques (?) de venecianos, sin tener cuidado ni respeto a los que quedaban atrás y en medio del armada del enemigo. Barbarroja, maravillado de ver huir a los nuestros sin tiempo y sin concierto, se alegró, y con doblado esfuerzo, dio tras ellos y los siguió gran rato. Tomó una galera veneciana, que de lerda y cargada quedó rezagada; y aún tomara dos porque Antonio Doria remolcó la otra. Combatió dos naves de soldados, tomó la una en que iba por capitán de españoles Fulano Figueroa; la otra se defendió valientemente. El capitán de ésta se llamaba Machín de Monguía, la cual, después que Barbarroja le dejó, quedó sin mástiles ni gobernalle. Adobaron todo lo que estaba mal parado lo mejor que pudieron y fueron a Corfú con las galeras. Andrea Doria y don Hernando, echaban la culpa al Capello, porque no habían consentido meter treinta españoles por cada galera veneciana para pelear con los turcos, a cuya causa el Príncipe no se había atrevido a acometer a Barbarroja. Domingo Capello decía que la culpa era del Príncipe, que sin tentar batalla ni escaramuza ninguna, se retiró, y no suya; que le había seguido como a su capitán general y hecho lo que cumplía a su República en no admitir en sus galeras soldados extranjeros. Todavía, después de pasadas estas pláticas, recibía de muy buena gana los españoles que le daban, y así concertaron otra vez de tornar sobre Barbarroja; mas por el tiempo y por otras cosas lo dejaron y se volvieron hacia sus casas.”

Extracto de: “Crónica de los Corsarios Barbarroja”. Francisco lópez de Gómara. El Espejo Navegante. Ed. Polifemo