Viajes en Velero, Dei�

Viajes en Velero plaza a plaza en Baleares: CAPDEPERA



Castillo de Capdepera

Guillen de Moncada, 400 caballeros. Nuno Sánchez, 100 caballeros. Conde de Ampurias, 60 caballeros. Obispo de Barcelona, 100 caballeros. Obispo de Gerona, 30 caballeros. Abad de S. Feliu de Guixols, 4 caballeros y una galera armada. Prohombres de Barcelona, Tarragona y Tortosa. Además, la flota perteneciente a Barcelona, Cadaqués, Palamós, Rosas, Salou, Cambrils, compuesta de 25 naves grandes (naus), 18 taridas (tartanas grandes con 2 velas triangulares), 12 galeras (un solo palo y larga entena),y 100 burcias (transporte), -que nadie piense mal, todavía- y galeotes (16 a 20 remos por banda). Con estas naves y estos hombres conquista Jaume I la isla de Mallorca en septiembre de 1229. Los datos provienen de una biografía sobre el monarca aragonés que encontré medio oculta en los anaqueles del departamento de historia de la biblioteca del instituto*. Es uno de esos libros de los años cincuenta, papel amarillento y quebradizo, de un estilo formalista ya en desuso, que glosa curiosidades biográficas y hechos históricos de este rey “conquistador”.

Para los habitantes de Mallorca, a la sazón familias de campesinos, artesanos y mercaderes, vinculados a esa tierra por tantas generaciones que la memoria de su origen formaba parte ya del territorio de lo mítico própio de la tradición oral, las andanzas y maneras de los reyes cristianos en la penísula eran de conocimiento público. Con grandes dosis de sentido común, cuando éstos desembarcan en Mallorca, aquellos les ofrecen una honorable rendición. Al rey aragonés le debe parecer que una conquista sin un poco de sangre mora no es verdaderamente una conquista honorable. Rechaza la rendición musulmana y entra a fuego y espada en la alcazaba mallorquina. Lo que sigue no vale la pena contarlo: pánico, sufrimiento, separación y muerte. La isla no tarda en caer bajo el símbolo de la cruz.

Viajes en Velero, Capdepera
Viajes en Velero, Capdepera
Viajes en Velero, Capdepera

En la “Torre d’en Nunis”, origen de la posterior fortaleza de Capdepera, se firmó dos años más tarde el tratado por el cual los habitantes de Menorca se sometían a Jaume I y se comprometían por tanto a rendirle tributo. Entendámonos, a pagarle cuantiosos impuestos para que les permitiese seguir con vida. En la entrada de la fortaleza se expone una copia de aquel documento gracias al cual los menorquines se libraron de la escabechina padecida por sus vecinos de la isla mayor. Ignoro los términos del tratado, pero su espíritu y condicionado no debe difererir demasiado del contrato de la compañía eléctrica o de telefonía, con la única, que no menor diferencia, que los incumplimientos se pagarían con sangre. Con todo, como dicen los abogados, mejor un acuerdo dudoso que un pleito incierto, sobre todo si la sentencia se cobra en piel.

De la ciudadela de Capdepera se conserva en buen estado la muralla perimetral. En su interior se refugiaba la población cristiana cada vez que los “piratas” sarracenos acometían una incursión para recuperar por unas horas, a veces días, lo que en el fondo consideraban que era todavía suyo. De estas precarias construcciones quedan los cimientos que abrazan la colina. Las callejuelas hoy están adornadas con pinos, arbustos aromáticos y flores; un escudo bucólico que oculta los ecos de un pasado mucho más cruel. En lo alto pervive la primitiva atalaya de vigilancia musulmana sobre la cual se levantó, bastante después, una torre de vigilancia cristiana; las clásicas torres en forma de cono truncado que puntúan cabos y salientes de las islas y costas de este mar, y que en su día constituyeron un eficaz sistema de vigilancia y comunicación, ya fuera con señales de humo durante el día, o de fuego durante las noches. Con este sistema, las noticias de avistamientos enemigos volaban de torre en torre hasta alcanzar los centros de decisión y mando, en este caso Palma de Mallorca, en donde se organizaba la defensa de la costa.

Viajes en Velero, Capdepera
Viajes en Velero, Capdepera
Viajes en Velero, Capdepera

Pero en estas islas, cada vez que tu perspectiva se vuelve aérea, cómo desde lo alto de esta atalaya, tu espíritu, o lo que sea, se diluye como un bloque de hielo expuesto a los rayos del sol y esos feos episodios del pasado no tardan en desvanecerse como en un fundido cinematográfico. Y tú, sí, te diluyes. Por unos instantes la razón entra en narcosis y los sentidos se activan y permeabilizan para que una pequeña parte de toda esa belleza se cuele a través de tus poros. De nuevo el azul; celeste, marino, turquesa, cobalto… solo matices de una misma idea sobre la verdad que por un instante te roza, y al siguiente desaparece.

*Si alguien quisiera la referencia bibliográfica que no dude en solicitarla. Se la enviaré en septiembre, es decir, 780 años después de haberse producido los acontecimientos.