Viajes_en_Velero_Islas Griegas del Dodecaneso


Viaje en Velero con Patrón por las Islas Griegas: de Kos a Rodas




De Kos a Rodas (agosto, 2010)

mapa de la traveseía entre Kos y Rodas

Zarpamos de Kos con una rasquita curiosa que se intensifica a medida que nos acercamos al cabo del extremo oriental de la isla. Al doblarlo, durante un par de millas el viento cae completamente y lo poquito que queda se nos pone en los morros.

Navegando a vela rumbo a Nísiros
Navegando a vela rumbo a Nísiros

Finalmente nos quedamos sin viento al sotavento de la isla. Damos motor y apuntamos directamente hacia Nísiros. Primeros baños de la nueva tripulación en el mar abierto, en medio de este inmenso azul... Refrescados seguimos avanzando.

Un baño desde el barco rumbo a Nísiros
Navegando a vela rumbo a Nísiros

A unas quince millas de Nísiros, el viento aumenta. Viene del canal que se forma entre la isla de Gyali y el extremo oeste de Kos. Sigue aumentando hasta subir a los 25 nudos. Rizados vamos como motos a un descuartelar abierto, por encima de los 8 nudos, con puntas de 10.

El puerto principal para embarcaciones de recreo en la isla está en la localidad de Paloi, pronunciado Pali, aunque la localidad principal es Mandraki. Alquilamos unas motos y nos vamos hacia Mandraki. La carretera va por la orilla del mar y a esta hora el sol se está poniendo. El ocaso es espléndido. Llegamos a Mandraki a tiempo de ver como el sol se zambulle por completo en el Mediterráneo. Todo esto, desde una terraza al borde del mar en donde damos cuenta de unas Mythos; para quien no se haya enterado todavía, la cerveza que más se bebe en Grecia.

Bar en Mandraki en la isla griega de Nísiros
Bar en Mandraki en la isla griega de Nísiros

En Nísiros

Damos un pequeño paseo y buscamos algún sitio para cenar. El elegido, un pequeño restaurante con una terraza encima del mar gestionado por unos italianos. Comemos una pasta con gambitas, tan pequeñitas que ni siquiera les han quitado la cáscara. Hay discrepancia en las valoraciones. A mí, me ha gustado. El italiano que nos atiende, padovés, lleva cinco años viviendo en la isla. Se empata con nosotros en un aceptable itañolo y nos habla de los problemas de la isla: el desarrollo que no se produce por los irresolubles celos y envidias de una pequeña población de cuatrocientas personas. La cuestión es que la isla es un volcán y parece que no sería difícil utilizar la energía geotérmica para aprovechamiento doméstico. Como en todas las islas, el sol y el viento están asegurados, y sin embargo, la electricidad sigue llegando de Kos, producida en una central eléctrica alimentada por combustibles no renovables a través de un cable submarino. El pasado invierno se rompió y tardaron más de un mes en restituir el abastecimiento eléctrico a la isla. Hasta que se trajeron generadores de gasoil para salir del paso, pasaron varios días durante los cuales los habitantes de la isla carecieron de electricidad. ¿Por qué ocurre esto? Paradojas griegas...

Mandraki en la isla griega de Nísiros

Decidimos pasar el día en la isla para ir a visitar el cráter del volcan. Después del desayuno arrancamos las motos y conducimos hacia el interior. Una única carretera que asciende por las laderas dejando el mar allá abajo, cada vez más alisado por la perspectiva aérea. Como todas las islas volcánicas, Nísiros es muy fértil. Sorprende en comparación al resto de las islas que hemos visitado, por la cantidad de vegetación: innumerables robles, almendros, pinos poblando los aterrazamientos de las laderas. Hermoso. Por fin alcanzamos la cresta del crater. Olor a azufre y paisaje lunar. Escasos árboles y colores sorprendentes en los distintos estratos que se observan desde la altura; grises, naranjas, amarillos verdosos, negros. En el aparcamiento de la zona de acceso al volcán nos recibe Vasily, el guía del volcán que nos acoge como sus "special guests". Con acento neoyorquino, el hombre se ha criado en el barrio de Queens, nos invita a conocer el cráter activo al que no acceden los grupos de turistas que llegan en autobuses. Nos muestra el arranque del sendero y hacia allí vamos. Hay que caminar con cuidado y seguimos sus instrucciones de no salirnos del sendero ni acercarnos a los lugares en los que se observan pequeñas fumarolas.

Volcán en isla griega de Nísiros
Tripulación

Hace calor, mucho calor como para seguir aquí arriba, en el medio y medio de un volcán, así que una vez hechos los deberes bajamos a la esplanada en donde hay una terraza, bajo unos frondosos eucaliptos, y con una sombra deliciosa y una dulce brisa que atraviesa el cráter, tomamos algo fresco para mantener la termoregulación en forma. Vasily nos ha hablado de un pequeño museo dedicado a la vulcanología que está en lo alto de la aldea que se asoma a la caldera. Allá vamos. Una amplia sala en la que se describen con paneles, vídeos, y consolas el fenómeno de los volcanes. Aquí, en el Egeo chocan tres grandes placas tectónicas, la europea, la anatolia y la africana. Esta última empuja a las otras y cada año se hunde un poco más. Las islas del Egeo son resultado de toda esta actividad geológica, y en algunos puntos funcionan como las válvulas por las que la tierra libera la presión interior. Además de Nísiros, también Santorini, Egina y Milos son grandes volcanes emergidos del Mediterráneo. Obligado acordarse de las islas Eólicas que navegamos el verano pasado, Strómboli, Vulcano, Lípari, Salina...

Paloi en isla griega de Nísiros
Paloi en la isla griega de Nísiros

La tripu decide pasar el resto del día en la playa hasta el atardecer. Cenamos en el puerto de Pali, en el Captain's House. Bien.

De Nísiros a Tilos

Zarpamos de Nísiros con muy poco viento. Rumbo al sur y motor hacia Tilos. Hacemos un fondeo al norte de la isla, en la bahía que se abre al sur del islote de Gaidaros, para nuestro plan BCS de cada día. A media tarde continuamos hacia Livadía, el puerto principal de la isla.

Livahdia, en la isla griega de Tilos

Aunque el puerto es pequeño hay todavía media docena de puntos de amarre disponibles. Nos ayuda Heidi, la marinera local, que nos indica que no es necesario echar el ancla, que hay líneas de fondeo. Amarramos bien. Ahora toca desatascar el váter. NO SE TIRA PAPEL EN EL INODORO. Busco el atasque y lo encuentro en el codo de la manguera de vaciado. Con guantes y respirando por la boca consigo desatascar el bollo de papel y caca que ha quedado incrustado en la válvula anti-retorno. Tras una hora de trabajo en las cloacas del Turquesa, con las manos bien lavadas, nos vamos a dar un paseillo al borde de la playa. Hay una docena de veleros fondeados en la amplia bahía. Livadía, siendo un puerto pequeño, tiene una vocación más turística. Muchos apartamentos, algún hotel, y poco aspecto de vida local fuera del turismo estival. No es el lugar al que volvería. Cenamos bien en la que nos parece la taberna con un mayor número de comensales griegos, pocos en cualquier caso.

Arrumacos en la isla griega de Tilos
Arrumacos en la isla griega de Tilos

Nos metemos entre pecho y espalda un cabrito supuestamente criado salvaje en la isla, asado con salsa de limón. Gran sudada en esta noche calurosa.

De Tilos a Simi

La duda es seguir bajando hacia el sur, en este caso hacia la isla de Chalki, o bien tirar directamente hacia el este para hacer dos días en Simi. Finalmente optamos por lo segundo y ponemos proa al sur de Simi. El día es caluroso y de nuevo toca hacer horas con el motor ya que el viento, escaso, lo tenemos directamente en la popa. Cuesta localizar la entrada a la bahía de Panormitis. Porque sabes que tiene que estar allí, pero la realidad es que no se ve hasta que estás directamente delante y el pequeño molino de la parte este te indica que vas en la dirección correcta. Una boca muy estrecha tras la cual se abre una amplia bahía con espacio para que fondeen treinta o cuarenta barcos. No somos muchos menos hoy.

Bahía de Panormitis en la isla griega de Simi
Bahía de Panormitis en la isla griega de Simi

En el fondo, se alza el monasterio ortodoxo, construido alrededor de una pequeña capilla dedicada a San Miguel. Detrás de nosotros entra uno de esos grandes barcos llenos de turistas que hacen una breve parada en el embarcadero para visitar en media hora el monasterio. Cuando se va, se deja de oir el ronroneo de la máquina del ferry y su lugar lo ocupa el rítmico canto de las cigarras que se extiende por toda la bahía. El lugar es muy atractivo; además del monasterio con su curiosa torre barroca, unas pocas edificaciones que parecen apartamentos muy humildes contagiados por el estilo de las celdas del monasterio. No lo sé, pero parece un tipo de geriátrico gestionado por los monjes. Meras suposiciones. Alrededor, mucha vegetación que se desparrama por las laderas hacia el borde del mar. Un gran cercado, anexo al monasterio, con un gran huerto de olivos. Disfrutamos la tarde bañándonos en Panormitis y cuando el sol está suficientemente bajo descendemos a tierra en el dinghy. Visitamos el monasterio. En el interior un grupo de mujeres esperan. No sabemos qué, pero la actitud es claramente de espera. Casi todas ellas llevan un pan debajo del brazo y conversan animadas entre sí. Al cabo de un rato aparece un padre ortodoxo, alto y encorvado, muy barbudo, barriga prominente, camina mirando el suelo con grandes zancadas. Se para, toca las campanas y entra en la capilla. Las mujeres se activan y entran detrás del padre. Le entregan sus panes, dinero y cada una de ellas una pequeña hoja en la que hay algo escrito. Deduzco que solicitan algun tipo de intercesión por parte de la iglesia. Recorren el interior de la capilla, parádose delante de cada icono, murmuran algunas palabras, besan el icono y continúan hacia el siguiente. Dos hombres, sin hábitos, parecen leer las Escrituras, aunque nadie les presta demasiada atención. Las mujeres desaparecen detrás del cura por la puerta de la sacristía. Curioso.

Bahía de Panormitis en la isla griega de Simi
Bahía de Panormitis en la isla griega de Simi

Volvemos al barco. Hoy le preparo un arroz con berenjenas y calabacines a la tripulación.

Dinghy en la bahía de Panormitis, sla griega de Simi

La noche sigue siendo calurosa y húmeda.

Son las ocho de la mañana cuando repican las campanas del monasterio. Le sigue una misa ortodoxa cantada. Maravillosa forma de despertarse con estos cantos hondos, adornados con arabescos, armonías que utilizan los cuartos de tono y que saben a oriente, que impregnan este amanecer griego. La misa dura casi dos horas, tiempo durante el cual la tripu se va desperezando, se prepara el desayuno, y lentamente, después de los baños de rigor, nos ponemos en marcha. Hoy queremos conocer las bahías de la costa este de Simi, bahías estrechas y salvajes que se abren al pie de grandes montañas.

Costa Este de la isla griega de Simi
Costa Este de la isla griega de Simi

Algunas de ellas solamente accesibles desde el mar. Cruzamos el canal que separa el sur de Simi del islote de Sesklio. Aunque cuando hemos salido de Panormitis seguía si haber mucho viento, en las bahías se encañona en ráfagas bastante violentas. En la primera de ellas nos damos un baño rápido sin fondear. En la segunda, intentamos el fondeo. Es complicado, a pocos metros de la playa, pero muy poquitos, la sonda marca más de 15 metros. Lo intento, pero con tanta pendiente el ancla no agarra. Lo vuelvo a intentar. Sé que el ancla no está enganchada pero aquí las rachas son menos violentas y largando mucha cadena espero que el barco se mantenga en su sitio. Parece que sí, pero aviso a la tripulación que no se aleje demasiado porque el fondeo no es fiable y en cualquier momento podemos garrear. No han pasado cinco minutos cuando una racha hace garrear el ancla y el Turquesa empieza a abatir empujado por el viento. Una parte de la tripu no ha hecho caso a las indicaciones del patrón y ya están en la playa mientras el barco se aleja en dirección contraria. Subo rápido el fondeo mientras hacemos señas para avisar a esta parte de la tripulación para que regresen a bordo. Decido no intentarlo más y salimos hacia el puerto de Simi. Todavía curioseamos otro par de bahías, especialmente la de Pethy, contigua al puerto de Simi, y el fondeadero que está detrás del islote de Agia Marina. En el puerto de Simi también cargan las rachas, pero conseguimos amarrar bien a pesar del viento atravesado.

Tripulación femenina en la isla griega de Simi
Tripulación femenina la isla griega de Simi

En Simi

Simi es una de las joyas del Dodecaneso. Es un pueblo distinto, diferente a todo lo que uno se encuentra en esta parte del Egeo. Isla próspera bajo el imperio otomano, se especializó en la la construcción de buques. Obtuvo de la Sublime Puerta un régimen fiscal especial que propició un gran desarrollo económico. La arquitectura de factura decimonónica es prueba de ello. Hermosas casas con frontones clásicos, pintadas de colores cálidos que suben por las escarpadas laderas que rodean el coqueto puerto. Como dice Rod Heikell es imposible que a uno no le guste Simi. Lógicamente, hay mucha gente. Además del turismo estable, todos los días llegan varios barcos y ferris desde Rodas y otras islas del Dodecaneso, con cientos de turistas que abarrotan las calles alrededor del puerto. Damos un pequeño paseo y cada cual busca un lugar en donde escapar del calor, este calor húmedo que ha empezado hace días, al llegar a Kos. Al atardecer, decidimos acometer la heroicidad de subir hasta lo más alto del pueblo, allí donde una pequeña capilla de muros blancos y ventanas azules se asoma al puerto. Subida lenta y voluntariosa en la que la noche se cierne sobre Simi. Sin camisetas, sudamos abundantemente. Pero lo logramos. Llegamos cansados a lo alto del pueblo y el lugar nos recompensa con una hermosa vista sobre la bahía, ahora habitada por cientos de lucecitas que parpadean y se reflejan en las aguas tranquilas del puerto. Nos quedamos a cenar en la parte alta. Una taberna en la que comemos de manera discreta sin dejar de sudar. La tripu se queda a tomar una copa. El patrón se va a dormir. A intentarlo porque el bar que está enfrente del Turquesa atruena con bacalao a todo volumen. Entre el calor y el ruido la noche se presenta simpática. Increiblemente todos dormimos bien.

Puerto en la isla griega de Simi
Puerto en la isla griega de Simi

De Simi a Rodas

Son alrededor de las nueve y media cuando salimios de Simi. El objetivo es llegar temprano a Rodas. La información que tengo es que en el puerto de Mandraki los puntos de amarre escasean, especialmente si uno llega tarde. Las primeras millas toca hacerlas a motor, pero llegando al cabo de Karavuru, en aguas turcas, el viento refresca. Por fin, abrimos todo el aparejo, con un rizo en la mayor, y nos ponemos a navegar a un largo primero, por la aleta después, por el canal que separa Rodas de la costa turca. El viento va aumentando y pronto estamos navegando con más de veinte nudos, haciendo buenas medias. Nos viene bien para llegar un poquito más temprano de lo previsto a la isla. A cuatro o cinco millas de Rodas el viento vuelve a subir y ya sopla próximo a los 30 nudos. Seguimos navegando muy rápido. Recojemos el aparejo y entramos hacia el interior de Mandraki. Estando a unas cuatro o cinco esloras de la bocana vemos a un tipo haciéndonos señas con los brazos cruzados. ¿? Nos acercamos y el tipo nos grita que el puerto está lleno y que no entremos. Ataviado con bermudas y una camiseta sudada le pregunto si es policia del puerto... y me responde que no, que de la marina. Le digo que voy a entrar a echar un vistazo por mi mismo y el tipo empieza a alterarse y aumentar el volumen de sus gritos. Hay algunos sitios libres y me acerco. El tipo sube a una motito y nos sigue por el muelle a toda velocidad. Se para delante de la plaza vacía y vuelve a gritar que está lleno, apresurándose a echar un cabo entre los dos barcos entre los que se sitúa el hueco. La cosa se pone fea. Sigo avanzando por el puerto y el tipo persiguiéndome con la moto. Nada, vamos a tener que marcharnos. El tipo vuelve a toda prisa a la bocana para despedirse cordialmente de nosotros. Me amenaza con anotar el nombre del barco, y le digo que si quiere saber como se llama que me mire la popa. Definitivamente, todo puerto tiene su "malaka", y en Rodas nos hemos hecho amigos de él. O eso dice el tipo, despidiéndose con un "no me olvido de tu cara, my friend". En fin... Navegamos hacia el sur de la ciudad, en donde se está construyendo una marina desde hace diez años. Allí sigue, la obra de los muelles cerrando la dársena terminada, pero en el interior un escenario fantasma. No hay nadie, todo está abandonado y no me apetece entrar en un puerto del que no tengo información reciente de lo que me puedo encontrar debajo del agua. Fondeamos en el interior del puerto comercial, hay otros dos barcos y me ha parecido más resguardado que la parte exterior de Madraki, en donde ya había una docena de barcos fondeados. El lugar es estrecho pero parece que nos hemos colocado bien. Comemos, me hago una mini siesta, y finalmente me tiro al agua a comprobar el ancla. Joer, estamos aguantando de milagro. He tirado el ancla encima de una pared de roca, lisa como una mesa, que se alza vertical, repentinamente sobre el fondo de arena. Si hubiera tardado quince segundos más en dar atrás me la hubiera comido. La sonda marcaba unos ocho metros, y en centímetros pasa a escasamente dos. Lo dicho, una pared vertical de piedra. Hay que marcharse de ahí. Uf, menudo día. Con cuidado, porque no puedo llevar el barco hasta donde está el ancla, recogemos. Todo ok. Nos vamos a fondear al exterior de Mandraki.

Torre en el puerto de Rodas
En dinghy por el puerto de la isla griega de Rodas

Aquí el fondo es de arena y el ancla agarra a la primera. Suelto cincuenta metros de cadena porque las rachas siguen cargando con dureza y el resto de la tarde estoy atento a cómo responde el fondeo. Parece que bien. Bajo a la tripu a tierra para que den un paseo y cenen. Yo no me atrevo a dejar el barco en esas condiciones y regreso. Un par de horas más tarde recojo a la tripulación. Después de todos estos días de islas tranquilas y pequeñas bahías, llegar a Rodas les ha supuesto un sobresalto. Millones de personas y millones de tiendas bajo una temperatura de millones de grados y también millones de humedades. Gracias al viento que no deja de soplar en toda la noche, todos dormimos frescos.

A primera hora he desembarcado con pena a la tripulación. Se quedan en Rodas un par de días antes de regresar a España. El resto del día lo dedico a limpiar el barco sin electricidad ni agua corriente. En fin, cubos de agua de mar en cubierta, fregar baños y nevera, repasar las maderas, preparar el salón para que la nueva tripulación se encuentre el Turquesa como se merecen.