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fecha |
origen |
destino |
dir.viento |
int.viento |
est. mar |
duración |
millas nav. |
acum. |
03/07/2010 |
lakki-leros |
lera-lipsi |
NW |
F 4 |
marejadilla |
6 h |
25 m |
3.015 m |
Ayer han embarcado Érika y Luis en el Turquesa y con ellos ha comenzado la esperada temporada de verano en el Dodecaneso. Día de aclimatación en Leros que hemos aprovechado para recorrer la isla con un par de motocicletas que hemos alquilado, hacer una compra para los próximos dos días e ir conociéndonos. Muy buena gente esta pareja. Día tranquilo recorriendo la costa oriental de Leros; la bahía de Alinda, el puertecito de Agia Marina y la ensenada de Pandeli. Leros tiene una injustificada fama de isla anodina. Es cierto que no tiene el esplendor o la coquetería de islas más conocidas, pero también lo es que se trata de una isla muy atractiva, con un buen número de lugares interesantes, una costa recortada con fondeaderos razonablemente buenos, e importantes recursos culturales como el castillo o la curiosa arquitectura art-decó del puerto de Lakki. En resumen, me gusta Leros y estoy contento de haber escogido este lugar como base de operaciones para el mes de julio y lugar de residencia del Turquesa el próximo invierno. Después de los baños en el mar, la compra y los paseos, hemos cenado en la terraza de la taberna de “Dimitris el Calvo”, encaramada en lo alto de la bahía de Pandeli, con impresionantes vistas al atardecer. Para mí era la tercera vez: las dos primeras, chapeau, hoy muy flojillo... Dimitris estaba avergonzado y ha insistido en invitarnos a seguir bebiendo vino y cerveza. No hemos sido capaces de negarnos…
Hoy, por fin, hemos salido al mar. La mañana ha sido espléndida. Una brisa de unos quince nudos, con poca ola, que nos ha obligado a pecar ciñendo, bordo a bordo, desde Lakki hasta la bahía de Lera en el sur de Lipsi. Unas catorce millas en línea recta que se han convertido en casi veinticinco con los bordos, primero hacia el mar, y después hacia el sotavento de la isla de Arcángelo, por el canal de Partheni, para subir en dos bordadas más hacia el islote de Lera. Fenomenal.

En la cala de Lera hay una pequeña taberna que ha colocado cuatro boyas para facilitar el amarre a los veleros que, por otra parte, son su clientela principal. Cuando hemos llegado, pasado el mediodía, todas la boyas estaban ocupadas y hemos tenido que fondear. El ancla ha agarrado bien y hemos soltado unos treinta metros de cadena, sobre unos cinco de fondo, porque se espera que el Meltemi empiece a soplar esta noche y quiero dormir tranquilo. Delicioso recuperar el plan BCS de la vida en el Turquesa (bañito, comida y siestuki).

Uno de los días más felices de la temporada es aquel en que preparas el dinghy. Llevaba en su bolsa desde septiembre del año pasado, porque en la travesía de mayo no tuvimos necesidad de usarlo. Así que lo hemos desembolsado, inflado, preparado los remos, y … al agua. Tenía dudas sobre el encendido del fueraborda, parado también desde hace nueve meses. Pero ha encendido enseguida. Se ve que ha agradecido la bujía nueva y el cambio de aceite, además de unas cuantas palabras cariñosas que le he dedicado antes de ponerme a tirar del cable de encendido. Bien, con el dinghy en el agua nos preparamos para desembarcar e ir a ver el partido (hoy juega España con Paraguay) a la taberna de la playa.

Desastre. En la taberna no hay tele. Debe ser la única taberna de Grecia en la que no hay una tele. Alternativa, caminar hasta el pueblo, un par de kilómetros y ver allí el partido. Pero no me atrevo a dejar al Turquesa fondeado, allí solo, con la amenaza del Meltemi en las próximas horas. Intento convencer a Érika y Luis para que se vayan al pueblo a ver el partido, pero generosamente deciden quedarse conmigo.
Un par de palabras sobre este lugar, inmejorable primera etapa del verano. Lipsi es una pequeña isla, poco frecuentada por los turistas, con un pequeño puerto que ya visitamos en el mes de mayo. El puertecillo con sus calles empinadas, la cúpula azul de la iglesia en lo alto, las pequeñas casas de pescadores agrupadas como un mecano alrededor del puerto… nos había encantado. No tanto, el personal local, que parecía un poco altanero con los visitantes. Pues bien, esta pequeña bahía de Lera es una gema todavía más hermosa. Media docena de casitas desparramadas por la ladera, la pequeña bahía en forma de media luna, los islotes que la rodean, la tranquilidad que se respira…

Y además está la pequeña taberna “Dilaila”. Simple pero eficaz. Decorada un poco como garito chill-out de Formentera y otro poco como la clásica taberna de islote griego de siempre: muros encalados, maderas pintadas con colores atrevidos, objetos de decoración locales mezclados con otros de tipo “indi”, enredaderas y buganvillas, chumberas, macetas con flores, un par de gatos ociosos… Detrás de este escenario, el rural isleño; un camino de tierra muy seca, cercados de piedras apiladas, olivos, higueras, algún pino… Lógicamente nos hemos quedado a cenar. En las mesas contiguas había sobre todo italianos. Su presencia no es tan hegemónica como en el Jónico, pero en determinadas zonas también son mayoría. Aquí lo eran de manera absoluta. La cena, de lo mejorcito de las últimas jornadas: espléndidas Berenjenas “Dilaila”, una Musaka por encima de la media, un Tsatsiki soberbio… Bien.
Nos llegan las noticias del partido vía sms. Almudena me informa de los penaltis, de los paradones, de las pifias. Las mesas de alrededor también están pendientes de los sms. Las noticias son confusas y no logramos aclararnos. Al final, llega el esperado sms: España 1 – Paraguay 0. Bien. Habrá que asegurar una tele para ver la semifinal con Alemania.
Volvemos al Turquesa con el dingui. La luna todavía no ha salido y la oscuridad es total. Encontramos al Turquesa esperándonos bajo un cielo increíblemente estrellado. Nos vamos a dormir. Buen día y buen comienzo de temporada.
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04/07/2010 |
lera-lipsi |
skala-patmos |
NW |
F 5 - 6 |
marejadailla |
14 m |
2 h |
3.029 m |
Efectivamente, el Meltemi ha empezado a soplar. Se ha hecho sentir en las primeras horas de la madrugada, y hacia las ocho, cuando me levanto, ya cargan rachas de entre 20 y 25 nudos en el fondeadero. Nos damos un primer baño matinal y después preparamos un cumplido desayuno en la bañera. Fuera, en el canal entre Lipsi y los islotes del sur el viento araña con fuerza la superficie y levanta abundantes borreguillos. Nos preparamos para la navegación hacia Patmos. Salimos con un rizo en el génova y nos ponemos a un descuartelar hacia la punta suroeste de Lipsi. En el canal, las rachas superan los 25 nudos, pero una vez libres del sotavento de la isla, aunque llega una ola un poquito más incómoda, el viento baja y se queda, hasta Patmos, entre los 15 y 20 nudos. En un par de horas, estamos entrando en la amplia bahía de Skala. Aquí, el viento también se acelera hasta que entramos en el interior del puerto. Es curioso este fenómeno de la aceleración del viento en el sotavento de las islas. Las laderas recalentadas impulsan el viento fresco que llega del mar y lo aceleran fácilmente hasta diez nudos por encima de la velocidad que traía en el barlovento de la isla, o fuera en el mar, alejado de los efectos orográficos. Primer amarre a la griega de la temporada con ayuda de Érika y Luis en el molinete soltando cadena. Todo ok. Hemos decidido quedarnos dos noches aquí porque mañana se espera que el Meltemi suba a fuerza 6 a 7, y en esas circunstancias es mejor estar en puerto. Por tanto, alquilamos otra vez un par de motos. Por diez euros al día, tienes autonomía para moverte de manera cómoda y llegar hasta prácticamente cualquier lugar. Son una buena ayuda también para llevar la compra al barco, o como en este caso, subir a lo alto de la colina en la que está el monasterio de San Juan Teólogo y el pueblecito de Chora, y tomarte un Martíni blanco con mucho hielo (Martinachio en la jerga del Turquesa) observando desde las alturas como el ocaso se cierne lentamente sobre un mar de tonalidades cambiantes del que emergen islas como grandes dragones por todas partes…

Cena tranquila, cafelito en el “Arión” y a la cama. Bien. |
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| 05/07/2010 |
patmos |
marathos |
NW |
F 5 - 4 |
marejadilla |
12 m |
2 h |
3.041 m |
Día en Patmos. Hoy ha tocado hacer compra por la mañana. También hemos aprovechado para llenar uno de los tanques de agua que prácticamente habíamos terminado, y con los deberes hechos nos hemos ido en las motos a una pequeña cala, en el norte de la isla, tranquila y muy hermosa. Son éstas calas lugares semi vírgenes, si esto se puede decir de un lugar como Grecia en el que en cualquier lugar te alcanzan fuertes ecos del pasado, quizá no tanto de la Antigüedad, ya lo he dicho antes, como de esa agitada historia de dominio bizantino y turco. La cala se abre al pie de dos colinas, entre las cuales en invierno debe correr un arroyo. Entre los árboles que sombrean la orilla se esconde una casita de muros encalados y ventanas azules. Enfrente, un islote hasta el que han nadado Érika y Luis, con una pequeña ermita también blanquísima, en el que viven dos cabras olvidadas. Colgada de una de las laderas, una taberna con una terraza que se abre a esta pequeña ensenada increíblemente azul. En la distancia, los islotes que puntean la bahía de Patmos, hoy salpicados por la espuma que levanta el Meltemi sobre el mar. Todavía con los bañadores mojados y la piel salada y fresca, hemos hecho una comida ligera, la clásica “Ajoriátiki” o ensalada griega, fritos de carne y calabacín, y para terminar nos han obsequiado con unas tajadas de sandía fresca.
La tarde ha seguido fluyendo mientras actualizo la bitácora. Mañana zarpamos hacia Marathos. |
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| 06/07/2010 |
patmos |
marathos |
NW |
F 5 - 4 |
marejadilla |
12 m |
2 h |
3.041 m |
Ayer el Meltemy se ha dejado sentir en Patmos. Hoy está mejor y tenemos ganas de salir al mar. Me conecto un rato a Internet antes de partir para ver las previsiones para los próximos días, ya que es probable que hasta que lleguemos a Samos no vuelva a tener disponible una conexión. La situación es buena, pero a partir del viernes se espera otra subida del Meltemy. La mañana está espléndida. En la bahía de Skala siguen cargando rachas frescas, pero a medida que salimos del sotavento de la isla la situación se estabiliza y navegamos bien, en un descuartelar amplio, con poco mar. Las referencias que tengo de Marathos son tan buenas que hemos decidido abandonar la idea inicial de amarrar en el puerto de Arki y quedarnos fondeados en una pequeña bahía al SE de esta pequeña isla perteneciente al archipiélago de Arki. El lugar es estupendo: una coqueta bahía bien resguardada del Meltemy en la que viven dos o tres familias gestionando tres tabernas y media docena de apartamentos durante el verano. Han colocado una docena de boyas con buenos muertos para facilitar las cosas a los que llegamos en velero, ya que somos una parte importante de su clientela. La otra parte la conforman los turistas que llegan desde las islas próximas a pasar el día; pequeñas embarcaciones con veinte o treinta personas que bajan a la playa, comen en una de las tabernas, se dan un baño, y a media tarde, se van. En ese momento, la bahía queda mucho más tranquila, solamente poblada con la docena escasa de veleros fondeados o amarrados a las boyas de las tabernas. Érika y Luis se dan tremendos baños. Se llevan las gafas de bucear y se dedican a inspeccionar las rocas próximas. El patrón, como de costumbre, se da unos bañitos mucho más discretos en las proximidades del Turquesa, y el objeto de su inspección es la obra viva del barco. Todo bien. Al atardecer bajamos a cenar a la taberna Marathi, gestionada por Mikhalis, un tipo verdaderamente peculiar con aspecto de tripulante de barco pirata.

Allí nos encontramos a Conchi, una santanderina que navega en un barco alquilado por un grupo de rumanos. Nos cuenta que vive en Rumania, despues de una temporada en Estambul, y que está encantanda. Son un grupo de unas doce o catorce personas que navegan juntos en dos barcos que han alquilado en Kos. A su lado vemos con tristeza como Holanda apea a Uruguay del mundial. Esperamos que no nos ocurra mañana lo mismo a nosotros con los alemanes. La noche, sin luna todavía, es muy oscura. Nos cuesta un poquito encontrar el Turquesa ya que hemos ocupado una de las boyas exteriores de la bahía. En cambio, hay miles de estrellas. Buenas noches. |
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07/07/2010 |
marathos |
agathonisi |
N-NW |
F 5 -6 |
marejada |
15 m |
3 h |
3.056 m |
Como cada mañana, la tripulación se dan un baño en el mar antes de desayunar. Este tipo de tratamientos deberían estar incluidos en la Seguridad Social: un baño fresco en agua de mar, unas brazadas para estirar los músculos, y al volver al barco sentir como la sangre se ha activado, nos hemos desperazado y el ánimo se pone a punto para un desayuno en la bañera. Así lo hacemos. Recogemos el dinghy sobre cubierta y salimos hacia Agathonisi. En el canal que separa Marathos de Arki, aún siendo temprano, ya sopla el viento con fuerza. Son como túneles estrechos entre las islas en los que el viento se encañona y aumenta considerablemente su velocidad. Al sur de Arki, hay una zona de islotes y bajos que forman unas fabulosas piscinas naturales con el agua de un color increiblemente turquesa. Sin embargo, están un poco expuestas al viento, y como sigue soplando bastante decidimos proseguir hacia Agathonisi. La travesía es corta, escasamente quince millas que navegamos bien entre un descuartelar y un través.

Sin embargo, el mar aquí ya tiene más recorrido y viene empujado por el encañonamiento que se forma entre Icaría y Samos. Está algo incómodo, aunque va mejorando a medida que nos alejamos de Arki. La llegada a Agathonisi, como de costumbre, con mucho viento. Hemos venido navegando con unos 15 - 20 nudos de real, que al llegar a las proximidades e la isla sube por encima de los 25. Rizamos y antes de entrar en la estrecha ensenada de San Jorge, recogemos todo el aparejo. Hacemos un poco de tiempo para dejar que entre el ferry que conecta las islas de esta zona del Dodecaneso, un barco antiguo pintado en color naranja y marrón y de nombre Kalymnos. Sorprende la destreza de estos capitanes para maniobrar estos barcos, muchas veces gigantes, en bahías y ensenadas minúsculas, con viento o mar de cualquier manera. Maniobran con precisión; sitúan el barco, lanzan el ancla, dan atrás, lanzan un par de estachas, abren rampas, descargan, vuelven a cargar, y en un intervalo de menos de quince minutos, ya están de nuevo rumbo a la siguiente isla. En la ensenada de Agathonisi, al cruzarse el ferry para amarrar de popa al muelle, literalmente bloquea la entrada o salida del puerto durante unos minutos. Ahora que ya la ha dejado libre entramos a puerto.

El fondeadero es estrechito y ya hay media docena de veleros, así que toca lanzar el ancla a la popa del último de ellos, con cuidado de no bloquear el espacio de maniobra del ferry, es decir, diez o quince metros más allá.El lugar nos encanta. El puerto de Agathonisi se compone de diez o quince casas, muy blancas con sus ventanas pintadas de azul, muy azul, y entre ellas cuatro o cinco tabernas y media docena de estudios para alquilar, rodeados de frondosas buganvillas y otras flores cuyos nombres no conozco.

Observamos con satisfacción que las tabernas tienen antenas de televisión. Esta noche no nos ocurrirá como en Lera-Lipsi. Nos aplicamos a la terapia BCS. Por la tarde, acerco a Érika y Luis a una cala próxima al puerto con el dinghy y el patrón desembarca con el objetivo claro de tomarse un buen café a la sombra, mirando el mundo, y sin pensar demasiado. Al rato, llega un barco con pabellón español. Bien. Aunque seguimos siendo clara minoría con respecto al número de barcos alemanes, al menos ya no estaremos solos. Ni mucho menos. Por la noche coincidimos con la tripulación del barco español, un hermoso Moody de cincuenta y pico pies, matriculado en Valencia y que viene de Alania, en donde ha pasado el invierno, rumbo a casa. Además, en nuestra taberna, la de "Georges", se han juntado un grupo de franceses, un par de italianos, y nosotros. Todos a una nos emocionamos con el partido (la que más una francesa de unos sesenta años que no deja levantarse y saltar, y cuyo marido, llevándose un dedo a la sien, nos dice que está rematadamente loca), y los gritos que proferimos cuando Puyol da ese fabuloso cabezazo deben llegar atronadores a la taberna, un poquito más allá, en donde se han juntado todos los alemanes, a los cuales, por cierto, no hemos oído en todo el partido.

Entre el gol de Puyol, y el par de Metaxas con hielo, nos vamos contentos para el barco. Con una noche tan hermosa cuesta meterse en cama. Ratito de tertulia en la bañera del Turquesa. Un poco más tarde, se oyen los "hasta mañana".
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08/07/2010 |
agathonisi |
samos |
NW |
F 6 - 5 |
marejada |
18 m |
3 h |
3.074 m |
Queríamos haber salido temprano esta mañana, pero nos han dado casi las diez. Casi todos los barcos que estaban fondeados con nosotros ayer, aquí en agathonisi, ya se han marchado. Acortamos los tiempos matinales y en menos de una hora nos estamos poniendo en marcha. Dentro de la bahía, apenas sopla el viento, pero en cuanto salimos fuera empiezan a cargar las rachas. Como siempre, mientras estamos cerca de una isla, en este caso bordeándola por el oeste para subir hacia el norte, el mar nos pega con insistencia. Sufrimos los primeros pantocazos, los primeros "salseiros", y finalmente optamos por levantar la capota. Tenemos el viento justo en la proa mientras navegamos hacia el NW para doblar el cabo del extremo norte de la isla y poner proa al puerto de Pithagorion en Samos. Poco a poco el mar va mejorando aunque se mantiene el viento en los veintipocos nudos. Por fin, podemos abrir un poco el rumbo y damos el génova muy rizado, y aún así, con tan poquita vela estamos ciñendo a seis nudos. En las veinte millas de travesía el viento sigue cayendo, y nosotros progresivamente desenrollando el génova. A unas cinco millas baja hasta los siete u ocho nudos, pero en la distancia se ve con claridad, como en las proximidades de la isla la mar está rizada y abundan los borreguillos. Así van las cosas estos días, cuando nos acercamos al puerto empiezan a llegar las rachas que bajan aceleradas por las laderas del sur de la isla. Echamos un vistazo en el puerto, pero está todo lleno, no hay sitio, así que fondeamos fuera del primer espigón, enfrente de la playa.

Plan BCS aunque no del todo cómodo porque están cargando rachas toda la tarde que pasan de los 25 nudos. He tirado unos 30 metros de cadena, en un fondo de cuatro o cinco metros, he comprobado que el ancla estaba bien clavada, y el Turquesa se mantiene en su sitio toda la tarde. Al atardecer bajamos con el dinghy a dar un paseo y buscar una taberna en la que cenar. Sigue soplando y la temperatura ha bajado. Siento, por primera vez en muchos días, frío en el cuerpo. Subimos a ver los restos de la fortaleza de Pithagorion, la basílica, y desde lo alto observamos el puerto recoleto, y la bahía en la que está fondeado el Turquesa. Después de la cena, un cafelito rápido porque sigue refrescando. Hemos perdido de vista el barco por una hora y cuando llegamos al dinghy tenemos el susto más serio desde que salí de Coruña. En algún momento de esa hora, el ancla ha fallado. El barco no está en su sitio y descubro con alarma que ha garreado más de doscientos metros. Está prácticamente en la bocana del puerto. Damos toda la velocidad posible al fueraborda, en esos momentos desearías tener un fueraborda de cincuenta caballos, y ponemos proa al Turquesa. La luna todavía no ha salido y la noche está muy oscura, pero distingo con claridad las dos luces que he dejado encendidas a bordo, la de todo horizonte del tope del palo, y la solar que brilla más blanca en el balconcillo de popa. Vemos luces en el barco, linternas que se mueven en la cubierta, en la proa. Unos alemanes han visto como garreaba y han salido a toda velocidad con sus neumáticas a parar el barco. Cuando subimos a bordo, acaban de soltar otros veinte o treinta metros de cadena y el ancla ha vuelto a agarrar. Nervios. Les agradezco a los cuatro tipos que a penas veo en la oscuridad lo que han hecho y me apresuro a encender el motor, encender los instrumentos de navegación, luz de cubierta, revisar el fondeo (han dejado incluso la boza colocada, bravo por los alemanes) y cuando la situación está otra vez bajo control, subimos el ancla de nuevo y volvemos al interior de la bahía, enfrente de la playa, a fondear medio a oscuras. La vista se va habituando a la poca luz y finalmente echamos el ancla más o menos en el mismo lugar en donde habíamos fondeado incialmente. Siguen cargando rachas fuertes y esta vez largo cincuenta metros de cadena en el mismo fondo de cuatro metros. Damos atrás para comprobar el agarre del ancla. Todo Ok. Por fin, podemos recoger todavía con el frío y el susto en el cuerpo. La tripulación se va a dormir. El patrón sigue todavía una hora en cubierta observando la reacción del fondeo cada vez que carga una racha, después de haberse acercado con el dinghy a agradecer nuevamente a los alemanes el gesto y la acción que han tenido con nosotros. Noche de perros. Con un ojo cerrado y el otro abierto. Comprobando a cada rato que el ancla no vuelve a garrear. Milagroso es que en los doscientos cincuenta metros de garreo el Turquesa haya sorteado a los dos o tres barcos que tenía en su camino. Estoy seguro que se lo debemos a los "occuli" de proa. Gracias también a ellos.
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09/07/2010 |
pithagorion-samos |
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Después del susto de anoche, esta mañana he madrugado para estar pendiente de algún hueco que quedase en el puerto de Pithagorion, dejar el fondeo y amarrarnos a algo más sólido que el fondo de la bahía de Pithagorion. Hacia las ocho ha salido un barco austríaco y rápidamente hemos ocupado su lugar en el muelle.
Érika y Luis han alquilado una moto para recorrer la isla de Samos.

Aunque formalmente no está incluida en el Dodecaneso, la isla cierra por el norte, al este de Icaría, este archipiélago que se extiende hasta Rodas en el sur. La isla es la mayor de la zona, con alturas considerables que superan los mil metros, mucha agua, y abundante vegetación. El derrotero de Piri Reis explicaba que hasta aquí venían turcos, venecianos, genoveses, bizantinos para cortar árboles con los que después construían sus galeras. En la Antigüedad clásica, Samos fue una isla de gran importancia. Además de ser el lugar de nacimiento de Pitágoras, de la mano del tirano Policrates se realizaron tres grandes obras que fueron orgullo de los habitantes de Samos y objeto de admiración de todo el mundo helénico: el túnel perforado en el corazón de la montaña hasta las fuentes subterráneas de la montaña y que servía para abastecer de agua la ciudad; el gran puerto, parte del cual sirve todavía hoy de cimentación del actual, y por último, el gran templo dedicado a Hera del cual tan solo queda una nostálgica columna. Érika y Luis han hecho los deberes y han visitado todos estos lugares. Y cómo no, también nos hemos hecho la foto de rigor delante del monumento dedicado a Pitágoras. Han sido dos agradables días de descanso.

Aquí en Pithagorion, en Samos, empezó a tomar forma hace más de veinte años este sueño de navegar por las islas griegas, de hacerlo en mi propio velero, de alcanzar este mundo de islas a caballo entre Europa y Asia, en el Mediterráneo oriental, impulsado por el viento desde las ahora lejanas costas de Galicia. Sentía que hasta aquí tenía que llegar. Y hasta aquí hemos llegado; el Turquesa y yo, con la ayuda de todos los que habéis navegado con nosotros. En cierto modo, siento ahora, que algo se ha completado. No sé todavía si se trata de un círculo o de un semicírculo, o de alguna otra forma geométrica con lados aleatoriamente dispuestos. Pero sí que he sentido con claridad que un largo periodo de más de dos décadas ha quedado definitivamente atrás…

Hoy, día 10 de julio, han desembarcado Érika y Luis. Han sido una formidable tripulación. Nos hemos despedido con tristeza en el muelle de Pithagorion. Espero que algún día volvamos a encontrarnos. |
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11/07/2010 |
samos |
agathonissi |
NW |
F 6 - 5 |
marejada |
18 m |
3 h |
3.092 m |
El tripulante que deberìa incorporarse hoy ha tenido que cancelar la singladura por problemas con las vacaciones, ay los jefes!, así que cambio de planes y vuelvo hacia la base de Leros, con parada previa en Agathonissi para ver la final del mundial con los holandeses.
He desempolvado las acuarelas, año y medio en su caja, y he aprovechado para tomar algún apunte de las casas del puerto desde el barco.

Yuhuuu, hemos ganado el mundial. Bravo!!! |
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12/07/2010 |
agathonissi |
lakki - leros |
NW |
F 4 |
marejadila |
30 m |
6 h |
3.122 m |
He aparcado la idea de quedarme en Agathonissi un par de días porque el Meltemy vuelve a subir mañana y esta vez parece que la cosa va para varios días, así que mejor a Leros, y de allí a Turquía. Día tranquilo. En el canal entre las islas de Lipsi y Archangelos me he cruzado con un grupo de goletas turcas. Han dado un par de bocinazos y gestos de alegría al reconocer la bandera española. Y yo, claro, a celebrar con ellos desde el Turquesa el gol de Iniesta. En fin... |
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julio 2010 |
leros |
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Esperando a la nueva tripulación he decidido quedarme en Leros. El plan inicial era desde aquí dar un salto a la costa turca con el ferry para visitar Éfeso, Mileto, Dydima y el resto de recintos arqueológicos que hay entre Bodrum, la antigua Halicarnaso, y Kusadasi. Pero ha ocurrido que la isla cada vez me gusta más. Ya lo he dicho, no tiene nada de espectacular, pero es una isla viva, que tiene algo de magnetismo, de una estraña fuerza telúrica que te atrapa y te seduce.
También he hecho algunas fotos:



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23/07/2010 |
lakki-leros |
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Ha llegado la nueva tripulación: Rosa y Manuel, de Madrid; Elena, de Lugo, y Edu de Coruña. Nos falta Enrique que por problemas de trabajo se incoporará pasado mañana en Patmos. Día de aclimatación en la isla; cogemos las motos y nos vamos a la calita que se encuentra en el extremo de la bahía de Alinda. Primeros baños en el Egeo de la nueva tripulación. Comemos rico, rico en la terraza de la taberna que se encuentra encima de la playa. Por la noche, bajamos a la playa de Pandeli, las mesas de las tabernas están directamente dispuestas sobre la playa: pescado y pulpo a la brasa. La noche es espléndida y le dedicamos un homenaje con una copita en el "Savana", el centro de la vida nocturna de la isla. Tengo la impresión de que la tripu ha comenzado bien el proceso de aclimatación.
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24/07/2010 |
lakki-leros |
xerokambos |
NW |
F 3 -4 |
marejadilla |
10 m |
2 h |
3.132 m |
En su primera mañana a bordo, la tripu se lo toma con calma. Desayuno en la bañera y nos vamos a hacer una compra para los próximos días. Cuando finalmente estamos saliendo del puerto de Leros son las dos y media de la tarde. La jornada es corta, solamente queremos salir del puerto de Lakki y fondear en la bahía de Xerokambos, en donde se encuentra entre las rocas la famosa ermita dedicada a la Virgen de los Cangrejos, sí, sí, tal y como lo escribo. En la bahía hay una docena de boyas colocadas por los propietarios de las tres tabernas de la playa. Nos amarramos a la del To Kyma. Comprobamos la fiabilidad del muerto, todo ok, es un muerto fiable (lo que se llega a escribir). Tarde BCS, la nueva tripu llega animada y caen los primeros Martinis. Al atardecer bajamos a tierra con el dinghy. Hermosa luna casi llena que inunda la bahía con una intensa luz plateada. Cena correcta. Regresamos al barco. En la bañera se escucha Nora Jones, recogemos el bimini para que toda esa luz lunar se desparrame por la bañera y envuelva al Turquesa en un halo fantástico.

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25/07/2010 |
xerokambos |
grikos-patmos |
SW |
F 3 -4 |
rizada |
28 m |
6 h |
3.150 m |
A la nueva tripu se le pegan las sábanas, y son de nuevo las dos y media, cuando después de los chapuzones matinales y el desayuno tranquilo en la bañera, estamos dejando la bahía de Leros. El pronóstico se ha cumplido y el viento ha rolado hacia el SW. Es la segunda vez en todo el verano, y cuando esto ocurre, el aire se llena de humedad y la sensación de calor y bochorno se intensifica. En el mar se está bastante mejor. Rodeamos Leros por el este y atravesamos el canal que separa la isla de la vecina Lipsi para poner proa a la bahía de Gricos, en el sur de Patmos. La bahía tiene forma de épsilon, como dos medias lunas unidas, y cerrada al mar por una isla, más o menos situada en el lugar en donde ambas bahías se unen. Por tanto, es un lugar extraordinariamente protegido a todos los vientos excepto al este. A nosotros hoy, soplando SW nos viene de perlas. En la bahía del sur, conocida también como Petras, hay un varadero en donde es posible poner en seco barcos de no mucha eslora; no hay travel sino un carro de varada. En la del norte, hay docena y medio de boyas a las que es posible amarrar para pasar la noche. Así lo hacemos. Comprobamos el muerto y regreso con la satisfacción de ver en el fondo dos grandes bloques de cemento, con sendas cadenas inmensas. Aquí podría amarrar el Queen Elizabeth. Chapuzón y desembarco con el dinghy para pasear por la bahía antes de la cena. La luna hoy se ha llenado del todo y la luz es de nuevo extraordinaria, pero esta vez tamizada por las nubes que se han formado a lo largo del atardecer y de ese finísimo velo creado por la humedad. Aunque la cubierta está empapada cuando regresamos, no nos importa y disfrutamos un buen rato de esta noche llena de magia.

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26/07/2010 |
grikos-patmos |
skala-patmos |
SW |
F 5 |
marejadilla |
5 m |
1 h |
3.155 m |

Son las nueve de la mañana cuando nos despiertan con unos tremendos bocinazos. Salgo a la cubierta y veo una enorme y hermosa goleta turca, pintada de negro, que parece querer abordarnos. Piratas? No, el propietario de la boya, un turco que me explica, disculpándose, que esa boya es suya y es la única de la bahía en la que puede confiar para amarrar su hermosa goleta. Nos vamos, claro. Le pido diez minutos para poner el barco en marcha y abandonamos la boya. Felizmente ha quedado otra boya libre un poco más al norte, y en ella amarramos, para que la tripu no se estrese y desayune a su ritmo antes de salir para Skala. Otra vez es casi la una, pero hoy, como ayer, y como casi todos los días, no tenemos prisa. Entramos en el puerto con rachas del SW cargando con contundencia. En esas condiciones, amarrar al muelle con el viento completamente atravesado no es fácil. Entramos bien, pero el ancla no ha enganchado del todo, la cadena no tiene toda la tensión que debería, pero a sotavento tenemos un barco que casi nos dobla en eslora y cuando cargan las rachas el Turquesa, suavemente, descansa sobre él. Como la predicción es que el viento vaya amainando, con el beneplácito del patrón del barco de sotavento, decidimos dejar las cosas así. Enrique se ha incorporado a la tripulación. Ha sido una auténtica odisea iniciada con cancelación del vuelo de Vueling de Barcelona a Atenas. Finalmente llega a bordo del Kalymnos, el viejo barco que une las islas de Samos, donde finalmente ha podido aterrizar, con las de Lipsi, Agathonissi y Patmos, justo cuando el resto de la tripulación empezaba a pensar que la figura de Enrique y sus mensajes cada vez más complejos eran una invención del patrón. Le preparamos el recibimiento que se merece con un Martini a los pies del monasterio de Patmos, en una terraza de la villa de Chora, desde la que se observa un maravilloso anochecer en el Dodecaneso.

Enrique comienza a relajarse. Para seguir con el recibimiento, bajamos a la orilla del mar, al restaurante Cactus, en la parte occidental de la isla, donde cenamos tranquilamente viendo la noche cernirse sobre este mar de islas. Para terminar, nos vamos a una de las terracillas que montan en la playa, al sur de Skala, y terminamos el día con un mojito sobre la arena.

Hemos conseguido que Enrique se relaje. Bien.
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27/07/2010 |
skala-patmos |
arki |
SW |
F 3 |
rizada |
12 m |
3 h |
3.167 m |
La tripulación aprovecha la mañana para visitar la Chora, el monasterio de San Juan y la cueva del Apocalipsis.

d ía Nos ponemos en marcha. Poco viento, el justo para abrir todo el velamen durante un cuarto de hora y resignarse finalmente a continuar a motor hasta la zona de bajíos de Tiganakía. Al sur de Arki, en esta zona de islotes y bajos se forman unas piscinas naturales protegidas por pequeños islotes. El fondo es fundamentalmente arena y praderas de Posidonia. El resultado, el agua más Turquesa del Dodecaneso.


Baños formidables, de esos que no se olvidan fácilmente, antes de salir para el puerto de Arki, a donde nos dirigimos con poca fe de encontrar un hueco para el Turquesa. El puerto es una gema: un brazo de mar en forma de L, absolutamente protegido, con un pequeño muelle en el que caben, amarrando a la griega, unos ocho o nueve barcos. Al doblar la L observamos que queda un pequeño hueco entre una megamotora y un queche italiano. Es ahí, o dar media vuelta e ir a buscarse la vida por los islotes cercanos. El Turquesa se pone en posición, suelta el ancla a unas tres esloras del muelle y lentamente atrás se acerca al muelle, culea a un lado, al otro, un poquito más atrás, nuevos culeos con suavidad, e increiblemente logramos colarnos en ese hueco en el que a priori no entraría ni una piragua. Bien. Estamos dentro, en el puerto de Arki. Para celebrarlo la botella de Martini y lo que nos queda de hielo vuelven a subir a la cubierta, y de allí ya no volverán a la nevera. Para aclarar ideas los tripulantes caminan hacia la parte occidental de la isla.

Escasamente un kilómetro, para zambullirse en un mar que refleja todas las tonalidades del ocaso mientras el sol perezosamente se vuelve a hundir sobre la línea del horizonte.

Glorioso baño de luz anaranjada primero, violeta después sobre este piélago egeo. La noche continúa en la taberna O Trypas, la otra es O Nikolas. Junto al café bar del puerto, conforman la oferta de restauración y ocio de pago de la isla. Manolis es el propietario de O Trypas. Personaje singular se acerca a nosotros con un pañuelo piratesco, risa fácil, saludando a diestro y siniestro con unos ojillos oscuros que brillan con intensidad. Estrecha nuestras manos sin dejar de bailar, impulsado por algo parecido a una corriente eléctrica continua y de alto voltaje. Caray. A los postres nos acerca una cachimba perfumada con aromas de manzana y canela. Se está bien en o Trypas, pero el cansancio se apodera de la tripulación, excepto de Enrique que acaba cerrando el bar con Manolis. Conversaciones sobre lo humano y lo divino en esta pequeña isla de 50 habitantes permanentes, de los cuales el 80% son hombres, y además todos parientes. Bueno, también están las cabras. Creo que también ellas son todas parientes entre sí.
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28/07/2010 |
arki |
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3.167 m |
Hoy debíamos haber zarpado hacia Lipsi, pero el útimo parte de esta mañana avanza vientos de 35 nudos para esta noche. Con esa previsión no me apetece estar fondeado. Valoramos las distintas posibilidades y finalmente optamos por quedarnos en Arki. Tenemos un buen amarre, a sotavento del muelle. Preparamos, eso sí sin prisas, el plan del día. Decidimos caminar hasta una playa para darnos un baño. El sol aprieta y la única cala con sombras está en la parte oriental de la isla. Se llama Limnari. Para llegar subimos unos quinientos metros verdaderamente empinados por la única carreterita cementada que sale del puerto hacia el este. Al llegar a lo alto la carretera se acaba y nos encontramos con una pequeña granja de cabras y un cartel que indica que para acceder a la playa hay que atravesar la granja, con varias docenas de escuálidas cabras que nos miran desganadas, y miles de bolitas de caca de cabra esparcidas por todas partes. Allá vamos. El sendero desciende desde allí hacia el mar. Las vistas, extraordinarias.

Alcanzamos un cercado de madera y a pocos metros un nuevo cartel de madera indicando la dirección de la cala.

Desde este punto observamos una diminuta calita, con un par de tamarindos lo suficientemente grandes para proporcionar la necesaria sombra, y un mar... llega un momento en que faltan los adjetivos para describir todos estos azules que estallan poseidos de luz, acariciados por el movimiento de las suaves olas que entran en la bahía, recortados por rocas gastadas. Piedra vieja, luz eterna, azul en el mundo. La tarde se desliza lentamente, sin prisas. Al atardecer, la tripulación se reune en el barco, duchas en la bañera y nos vamos a cenar al O Nikolaos. Mejor que ayer. La música griega tradicional es omnipresente. En todas las tabernas suena de fondo, y no es un reclamo para turistas. No, es parte de su identidad cultural. Sienten esta música de armonias orientales como algo muy propio. Al profano, en un principio, todo le parece más o menos lo mismo. Pero incluso yo, con mi oído petreo, ya logro diferenciar distintos tipos, aunque no pueda explicar qué es cada una de las músicas que escucho Esta noche, se ha levantado una pareja que cenaba en la taberna y se han puesto a bailar. Cogidos por los hombros, seguían el ritmo con pasos elegantes, escorzos sinuosos, un delicado ir para un lado y volver para el otro. Igual que las olas que juguetean en la orilla. Quién podría decir si vienen o van. Así es este baile gentil y fluido. Ya estamos fluyendo otra vez... En fin. Así, fluyendo, acabamos la noche con una copa en el Manolis y de allí a la cama. Buenas noches.
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29/07/2010 |
arki |
lakki-leros |
NW |
F 6 |
marejada |
28 m |
10 h |
3.195 m |
El viento ha soplado con fuerza durante la noche. Lo sigue haciendo ahora que salimos de Arki rumbo a Lipsi. Vamos bien, con el génova completamente abierto, haciendo buenas medias, especialmente cuando cargan las rachas que se acercan a los 30 nudos. Pasamos por el canal entre Marathos y Arki, y rodeamos Lipsi por el oeste. Nuestro objetivo hoy es fondear en la bahía de Lera, en el sur, allí donde habíamos disfrutado de los favores de la taberna Dilaila. Pero una vez en la bahía, a pesar de que hay todavía un par de boyas libres, las rachas cargan con violencia. Cambio de planes y seguimos navegando hacia el Sur, destino al sotavento de la isla de Archangelos. En todo el trayecto el viento sigue soplando alegre, pero una vez dentro del fondeadero, el mar queda totalmente plano y aunque de vez en cuando entra alguna racha, se está mucho mejor que en Lera. Echamos el ancla. Agarra bien y entramos en modo BCS. Piscolabis frugal y baños refrescantes. A media tarde dejamos la bahía de Archangelos y navegamos por el oeste de Leros hacia Lakki. El viento sigue subiendo y pronto estamos navegando con un viento mantenido de 30 nudos y rachas de 35. Le tomamos un rizo al génova.

Nos viene por una aleta cerrada y el Turquesa baja alegre por la costa de Leros, como subido a unos raíles. Dentro del puerto de Lakki nadie diría que fuera está soplando de esta manera. Calma casi absoluta en la esquinita en la que está la marina.
o Llegar a Lakki Marina es casi como llegar a casa. Espera la amabilidad del personal de la marina: Mary, la oficinista; Vasilis, su marido y marinero; la gente del bar que según me ven llegar me preparan un buen expresso machiatto, o sea, un cortado. Además de pequeños grandes lujos como electricidad a 220, agua corriente, duchas y baños. En fin, que es agradable llegar a Lakki de nuevo, aunque sea por una sola noche. También viene a saludarnos Giancarlo, un anciano italiano que se ha quedado un poco colgado en Lakki a bordo de su X-99 que tiene en venta y que nadie parece interesado en comprar. Espera que algún amigo llegue de Italia para ayudarle a navegar de vuelta a Italia. En este mundo falta un poco de organización: algunos suspiran con poder navegar, no importa dónde, cuándo ni en que barco, y otros, armadores solitarios, esperan en puerto a que alguien les eche una mano para trasladar sus embarcaciones de un lugar a otro... Algo habría que hacer. Giancarlo está solo y cada vez que me ve se acerca para charlar un rato conmigo. Normalmente nos tomamos un café juntos, charlamos un rato, y luego educadamente nos despedimos. Hoy, nos pregunta que vamos a hacer por la noche. Le digo que queremos cenar en Kouluki, en un restaurante en una calita muy próxima a la marina a la que podemos ir andando, y le invito a que nos acompañe. Acepta inmediatamente y quedamos de vernos más tarde. A la hora convenida, todos juntos caminanos hacia Kouluki, saliendo del puerto de Lakki, y atravesando la primera de las playas de la bahía. Cena fabulosa, en la terraza sobre el mar, a base de Mezes, algo así como entremeses o entrantes variados, que compartimos entre todos.

Es la primera vez que sobra comida. No hemos podido acabar con todo lo que nos han ido trayendo: berenjenas y calabacines fritos, queso frito, bolas de carne, hojas de parra rellenas de arroz y carne, souvlakis, ensalada de Horka (algo así como acelgas), faba, tsatsiki... Hacemos la digestión en el bar de la marina, y llenos, cansados y contentos, nos vamos a dormir.
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30/07/2010 |
lakki-leros |
vathy-psérimos |
W |
F 2 -3 |
marejadilla |
30 m |
8 h |
3.225 m |

Hemos dedicado las primeras horas de la mañana a darle una merecida limpieza al Turquesa, con aspiradora incluida, y a hacer una pequeña compra de víveres y agua. Hacia mediodía salimos de Lakki rumbo al sur. Atravesamos el estrecho canal que separa Leros de Kalymnos y me sorprende comprobar que todavía quedan los restos de un mar bastante confuso. Apenas hay viento y tenemos que darle horas al motor. El mar viene de popa, pero rebota en la cara oriental de la isla y crea un pequeño oleaje bastante confuso. En la bañera suena el Popourrí Chiflado, regalo de Mariola y Jorge, y entre el Último de la Fila, Kiko Veneno, Bob Dylan, El Cigala, etc. el ánimo va subiendo a bordo del Turquesa.

Kalymnos está formada por grandes picos, secarrales llenos de guijarros, con escasisima vegetación. Es la esencia de la aridez, lugar difícil para la vida. De hecho, la población local se concentra en la capital, en una de las bahías del SE y el golfo de Emborios, protegido por el islote de Telendos. El resto, rocas y guijarros, escasos matorrales, un paisaje duro y salvaje, primitivo e impresionante. Entramos en una de las pequeñas bahìas de la costa este de la isla. Estrecha y profunda, está bordeada por altas montañas que parecen a punto de desmoronarse. Impresionante. Sin fondear, paramos el Turquesa y nos damos un rápido baño en el interior de la bahía; treinta metros de fondo a pocas metros de la costa. Muy adentro, en la cabeza de la bahía, un par de barcos han fondeado asegurando con cabos lanzados a tierra. Seguimos. Una hora después, entramos en otra bahía, un poquito al norte de Vathy (Vathy de Kalymnnos, porque en casi todas las islas hay un puerto o bahía llamado Vathy), No es tan profunda como la anterior, pero igualmente rodeada de grandes montañas. Al fondo una mini cala solitaria en la que un velero acaba de dejar a una pareja. ¿Será algún tipo de exilio, o quizás de premio, quedarse solos en un lugar tan exageradamente remoto y solitario? Repetimos nuestro plan, y sin echar el ancla nos damos otra vez, por turnos lógicamente, un baño rápido, pero inmesamente refrescante.

Continuamos nuestra singladura hacia Psérimos. La idea es entrar en el pequeño puerto de la isla. Durante el día es misión imposible, porque los barcos de turistas que salen de Kos llenan completamente el poco espacio disponible. Pero al caer la tarde, regresan con estas hordas de ociosos ansiosos al puerto de Kos, y entonces en el muelle suele quedar espacio para amarrar y pasar una noche tranquila. Pero hoy, aunque ha soplado poco, el mar aquí trae bastante recorrido y entra libre en la pequeña bahía en la que está el puerto. El espigón, orientado de norte a sur, frena parte de este mar, pero el resto de las olas que entran en la bahía rebotan y crean un movimiento incómodo en el interior del muelle. De hecho, no hay ningún otro barco amarrado hoy aquí. No me gusta. Decido continuar hacia la cara este de la isla con la idea de fondear en la bahía de Vathy, completamente protegida del oeste. Ha sido un acierto. El mar en la bahía está como un lago. El viento casi no se siente, y a pesar de que un par de motoras y otros dos veleros ya están fondeados en el interior, queda suficiente espacio para nosotros. Echamos el agua en unos cuatro metros y cuando voy a proa para continuar con la maniobra, ayudado por Manuel en la rueda, veo perfectamente el ancla descansado sobre el fondo. Damos un poquito atrás soltando cadena y probamos después que haya agarrado. Observo como el ancla se desplaza por el fondo sin terminar de clavarse en la arena. Casi lo disfruto porque es infrecuente observar el fondo con tal claridad y el movimiento del ancla y la cadena. Levantamos el ancla y lo volvemos a intentar.

Esta vez sí, el ancla queda bien clavada, soltamos suficiente cadena y nos dedicamos a los baños tranquilos del atardecer. Cena sabrosa en la bañera. La noche, maravillosa.
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31/07/2010 |
vathy-psérimos |
kos |
W |
F 2 -3 |
marejadilla |
12 m |
2 h |
3.237 m |
Obligado por las circunstancias he debido hacer madrugar a la tripulación. Encontrar un amarre en Kos es bastante complicado, especialmente viernes y sábados que son los días en los que llegan y se van las flotas de veleros de chárter. Son las once y media cuando llamo por el VHF para solicitar un amarre en la marina. Nos tienen unos minutos en stand-by y finalmente nos confirman que tienen una plaza para nosotros. Ufff.... Aquí en Kos desembarca mañana la primera parte de la tripulación, pasado la segunda, y el martes se incorpora la nueva tripulación. Era esencial conseguir este amarre. La marina de Kos tiene fama de prestar un excelente servicio. Las instalaciones de tierra están bien, muy bien comparadas con el standar de Grecia o el sur de Italia, o incluso con la misma Lakki. Los pantalanes están bien, todos con suficientes puntos de luz y agua, pero el espacio para maniobrar es verdaderamente escaso. Nos han dado una plaza en la cara norte del pantalán B, y aunque el dique frenta la entrada del mar, el viento entra libre en el puerto. Aunque maniobro correctamente, en el momento en que le doy la vuelta al Turquesa en el canal para entrar de popa hacia el pantalán, la distancia entre nuestra proa, y la proa del barco que quedará enfrente de nosotros, se mide por centímetros, pero de una sola cifra. Literalmente, no se han rozado las proa de milagro, y eso que dispongo de la hélice de proa para apoyar el giro, y la acción de la hélice hacia atrás favorece también que caiga la proa a estribor. A lo largo de la mañana observo a los marineros actuar. Siempre por pares, en neumáticas con motores de 90 caballos, se amarran a los barcos que entran o salen, y gracias a su empuje, actúan como propulsores de proa o popa, logran, a veces milagrosamente, que los barcos accedan a sus puntos de amarre.
Llegar a Kos, después de estar en islas como Arki, Agathonissi, Archangelos, Lipsi, Patmos, Psérimos o la misma Leros produce una tremenda confusión. Es una isla grande comparada con la mayoría de las anteriores, alargada, con montañas y agua en abundancia. En la antigüedad, en la época helenística fue un importante centro comercial y de peregrinación. Aquí desarrolló Hipócrates sus trabajos, y el templo de Esculapio, y las escuelas médicas que aquí se prodigaron competían en importancia con las de Epidauros. La ciudad moderna ha salvado los recintos arqueológicos que se encuentran casi por todas partes, aunque poco queda de interés. Casi todo fue expoliado por alemanes e italianos en el siglo pasado, después de que el terremoto de 1933 expulsara a la superficie los restos de la época helenística. A pesar también de su hermoso puerto antiguo, fortificado primeramente por los venecianos, después por los caballeros de Rodas, y finalmente por los turcos otomanos, de los minaretes del centro, de la vegetación. Insisto, a pesar de todo eso, viniendo de esas islas, Kos produce una profunda decepción.

Hoy se ha convertido en un destino machacado por el turismo de masas. Un aeropuerto internacional al que llegan chárters procedentes de media europa, curiosamente no de España, ha propiciado la construcción de grandes hoteles primero, de bares y restaurantes al peor estilo de nuestro Mediterráneo español después, para devenir finalmente en uno de esos lugares saturados, con música atronadora hasta la madrugada, miles de veinteañeros buscando emborracharse rápidamente al mejor precio posible, comida basura...
No sigo por ahí... La tripulación se da un paseo por el centro. El patrón descansa en la marina. Día de reposo general antes de que lleguen las primeras despedidas. |
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1/08/2010 |
kos |
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3.237 m |
A primera hora llegan las despedidas: hoy vuelven a España Rosa, Enrique y Edu. La tristeza habitual atenuada hoy por la presencia de Elena y Manuel que se quedan hasta mañana. Decidimos alquilar un coche e ir a visitar los restos del templo del Asclepeion. La tarde fluye tan lentamente que cuando llegamos al recinto arqueológico son más de las siete, y las puertas cierran a las siete y media. Nos tomamos unos zumos de naranja en el bar del recinto, a la sombra de unas adelfas gigantes como nunca antes las había visto. Inmensas, crecen a ambos lados del sendero creando un puente floral sobre nosotros. Aprovechamos el coche y decidimos subir al pueblo de Zia, en lo alto de la montaña, para ver el atardecer. El pueblo es destino de las excursiones de los tour-operadores locales que llevan hasta allí cientos de turistas a cenar en las tabernas locales y a que se gasten unos euros en las decenas de puestos de souvenires. Aparcamos y seguimos subiendo hasta la pequeña iglesia local. Aquí la presión de las masas se atenúa. Encontramos una terracilla con una vista espectacular hacia el ocaso. Los dioses deben seguir con nosotros porque llegamos minutos antes de que un sol rojísimo se ponga sobre las crestas de Kalymnos y se hunda finalmente en el mar. Todo se tiñe de naranja y malva. Vemos desde aquí la costa turca, ahí mismo, a menos de cinco millas, el territorio en donde nacieron esas increibles ciudades griegas que fueron la verdadera cuna de la ciencia y el pensamiento occidental: Mileto, Halicarnaso, Didyma, Sardes, Éfeso... También las islas de Psérimos, Kalymnos, los islotes que se desparraman al oeste de Turgut Reis. Todas estas ensoñaciones nos facilitan el olvido de la peor cena de los últimos días. Estamos cansados y regresamos directamente al barco. |
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2/08/2010 |
kos |
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3.237 m |
Teníamos la intención de haber regresado esta mañana al recinto del Asclepeion, antes de que Elena y Manuel volasen hacia España. Pero tomando el café, Elena descubre que entre la llegada de su vuelo a Atenas, y la salida del siguiente a Madrid hay apenas 50 minutos. Intenta obtener las tarjetas de embarque para abreviar en Atenas, pero los ordenadores de la marina, con todo el software en griego, están de no. Entre idas y venidas pasan los minutos y cuando nos damos cuenta es hora de salir para el aeropuerto. Dejo con tristeza a Elena y Manuel en el aeropuerto, devuelvo el coche de alquiler y me vengo a la marina a preparar la bitácora de estos días.
Como de costumbre, la tripulación ha estado a la altura de las expectativas, y éstas eran muy altas. Las risas de Elena y Rosa alegrando la cubierta del Turquesa, las largas divagaciones sobre el todo y la nada, sobre nosotros mismos, sobre nuestro lugar en el mundo. Los procesos de búsqueda personal que se dirigían, metáforicamente, hacia un buen chuletón!! o las disquisiciones sobre aperturas o cierres de cremalleras.

Enrique ha estado fenomenal, como siempre, aportando su serena locura, o quizás su loca serenidad. Quedará para el recuerdo la ermita de Arki al amanecer, tras una noche de cháchara con el simpático Manolis. Y qué decir de mi sobrino Eduardo, de sus siestas épicas y sus frases lapidarias. Ha sido un placer poder convivir estréchamente con él, durante estos días, ahora que ha dejado para siempre de ser un niño, y se está convirtiendo en un hombre.

Y Manuel, el tipo fenomenal de siempre, repetidor en el Turquesa, adaptable y siempre positivo, logista sin igual en cuestiones de martinachos y gintonics.  |
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del jónico a las cícladas:
desde el jónico arrumbamos al corazón del mar egeo: ítaca, lefkas, el canal de corinto, el golfo sarónico, paros, naxos, amorgos... |
| mayo 2010 |
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samos y el dodecaneso:
desde la isla de leros, navegamos por el mar de samos y el archipiélago del dodecaneso: patmos, fourni, kalymnos, kos, simi, rodas... |
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turquía y asia menor:
enfilamos la proa hacia las recortadas costas del egeo turco: bodrum, gokova, knidos, marmaris, göçek, fethiye... |
| julio y agosto 2010 |
julio y agosto 2010 |
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